Conoce a las autoras del II Premio RipleyBeatriz Esteban
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Beatriz Esteban, autora de "Niña caducada"

Finalizamos la serie de entrevistas a cada una de las autoras de los doce relatos seleccionados que integran la Antología del II Premio Ripley con la ganadora Beatriz Esteban, autora del relato "Niña caducada".

Antes de comenzar a conocer más sobre ti y tu relato, cuéntanos cómo conociste la convocatoria del Premio Ripley y qué te llevo a participar.

Conocí la iniciativa del Premio Ripley en la presentación del I Premio en Valencia, que contó con la presencia de su ganadora y una de las finalistas, Arantxa Comes. Me encantó escucharlas hablar de sus obras, de cómo habían creado distintos mundos y habían sido capaces de contar historias tan únicas, tan originales. Siempre he admirado mucho a las escritoras de ciencia ficción, pero nunca me vi como una. Pensaba que me faltaban ideas, que, de alguna forma, me faltaba talento. Que había gente hecha para la ciencia ficción y gente que no, y que yo no tenía la originalidad suficiente para ello.

Pero me dije a mí misma que no dejaría que esas inseguridades y esos miedos me frenaran. Hice una promesa conmigo misma de que lo intentaría. De que encontraría una forma de contar una historia con todos los elementos que creía que me quedaban demasiado grandes. Participé sin haberle comentado a nadie que lo iba a hacer, porque de alguna forma se había convertido en un reto personal. En una promesa de que al menos lo intentaría. Quería demostrarme que podía, quedara como quedara, lo importante era dar el primer paso.

Sin hacernos demasiado spoiler, cuéntanos un poco acerca de tu relato. De dónde surge la idea, que querías contar.

Mi relato se inspira mucho en el tipo de distopías que más consumo, que podría definirse como ciencia ficción social al estilo de Black Mirror. De hecho, la lluvia de ideas comenzó preguntándome a mí misma qué clase de historia me gustaría ver en una serie así. La primera frase fue lo primero que me vino a la cabeza: un mundo donde a los niños ya no se les hablaba de la cigüeña, sino de CECOA, el Centro de Concepción Artificial. Un mundo donde la genética ha avanzado hasta el punto en el que puedes controlar perfectamente la genética de tu próximo hijo… Siempre que estés dispuesto a pagar el precio. Los niños nacen marcados por la fecha en la que deberán volver al centro que les dio la vida, que será más pronto o más tarde dependiendo del dinero que sus progenitores pagaran. A través de esta nueva sociedad, en la que el valor de las personas lo marca el código con el que nacen, quería hablar de temas tan cercanos como las relaciones filio-parentales, la idealización, la pérdida (y búsqueda) de identidad; y un mundo en el que los humanos se convierten en objetos, reemplazables, caducos, fabricados. Lyra será la única «niña caducada» que se dará cuenta de que están viviendo una mentira.

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Beatriz Esteban



Y tras la obra, la autora: cuéntanos un poco más de ti: ¿es tu primera participación en un premio o ya tienes otras obras publicadas?

En 2017 publiqué mi primera novela, Seré frágil, con la editorial Planeta, tras quedar finalista en el X Premio Jordi Sierra i Fabra para Jóvenes. Desde entonces no me he animado a participar en premios más allá de un par de antologías de carácter regional y colaboraciones en antologías online. Este próximo octubre publicaré Aunque llueva fuego con la editorial La Galera, y tengo otra novela preparada para su lanzamiento en 2019.

Aunque en otros países la tendencia ya es una realidad, en España aún “parece” que las autoras escriben poca ciencia ficción y terror. ¿Lo ves de ese modo? (y en ese caso, ¿por qué?)

Aunque en los últimos años ha habido un aumento del número de autoras en fantasía y ciencia ficción (por lo menos en la literatura juvenil a nivel nacional), sería arriesgado decir que estamos alcanzando un nivel de igualdad en cuanto a esta tendencia. Precisamente porque ni siquiera hace falta mirar en la categoría de ciencia ficción: basta con entrar en cualquier librería y empezar a atender más a los nombres de los autores para darse cuenta de que los hombres superarán en gran medida a las mujeres, siempre. Y nunca será porque las mujeres no escriban, sino porque no se les dan las mismas oportunidades. Porque durante años se ha reforzado la idea de que estamos limitadas a unos géneros determinados (romance, básicamente) y que por tanto, todo lo que escribamos fuera de ellos tendrá una calidad menor. El terror y la ciencia ficción se ven especialmente afectados, pero hay que recordar que en los últimos años se está avanzando muchísimo para romper los estigmas alrededor de la literatura de género y empezar a visibilizar a las autoras, con iniciativas como el propio Premio Ripley. Estoy muy orgullosa de formar parte de un movimiento así.

Uno de los motivos de la iniciativa Premio Ripley era animar a escritoras que consideraban estos géneros como ajenos a escribir, a hacerlos suyos. ¿Te consideras autora de algún género concreto? ¿Dónde te sientes más cómoda?

He de decir que conmigo conseguisteis justo eso, porque me daba la sensación de que «no era lo mío». Pero conforme pasa el tiempo me doy cuenta de que no tengo un género literario preestablecido. De hecho, en los últimos años no he hecho nada más que experimentar: he escrito novela histórica, novela dramática, realismo mágico… Y creo que siempre me siento más cómoda cuando sé que siento de lo que hablo. Normalmente eso entra dentro de la novela contemporánea.

Por ejemplo, me gusta tratar el tema de la salud mental porque como estudiante de Psicología me siento más segura. También me sentí muy cómoda escribiendo una novela sobre la cárcel, porque he pasado dos veranos siendo voluntaria y sabía de lo que estaba hablando. Aunque he de admitir que también me gusta darles un toque de fantasía a mis novelas, por eso disfruto tanto del realismo mágico.

Durante todo el proceso del Premio, y con la experiencia de la primera convocatoria, ha habido una gran actividad y resonancia en las redes y medios de comunicación. ¿Cómo lo has vivido?

¡Con mucha ilusión! Me encanta ver que hay tanta sororidad, tanto apoyo y tanto cariño. Sobre todo, lo que me ha hecho más ilusión es ver que la mayoría de concursantes compartían el mismo mensaje: que todas éramos ganadoras por estar luchando la misma lucha. Que todas merecíamos felicitarnos. No he visto competencia y eso es lo más bonito: la victoria de unas era la de todas. Además, agradezco muchísimo la posibilidad que tenemos ahora con las redes de conectar con los lectores; de, como estamos haciendo ahora, conocer a las mujeres que hay detrás de las historias.