Conoce a las autoras del II Premio RipleyEva G. Guerrero
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Eva G. Guerrero, autora de "Cuaderno de campo"

Comenzamos una serie de entrevistas a cada una de las autoras de los doce relatos seleccionados para integrar la Antología del II Premio Ripley. Y para ello contamos con Eva G. Guerrero, autora del relato "Cuaderno de campo".

Antes de comenzar a conocer más sobre ti y tu relato, cuéntanos cómo conociste la convocatoria del Premio Ripley y qué te llevo a participar

La primera noticia que tuve del Premio Ripley la recibí de Miriam Jiménez Iriarte. Fue una estupenda noticia, ya que se proclamó ganadora del primer certamen con un cuento increíble que yo había tenido oportunidad de leer: Granja-357. A Miriam la conocí durante la creación y presentaciones de la antología Antes de Akasha Puspa, coordinada por Juan Miguel Aguilera en el 2015, y desde hace un año compartimos Proyecto Artemisa con otras cinco escritoras de lo extraordinario.

Devoré el Primer Premio Ripley en un par de días. Me pareció, desde el prólogo de Elia Barceló hasta el último cuento, un conjunto de bocados exquisitos de ciencia ficción desde unas miradas afines a mi aproximación al género. Soñé con participar en la siguiente edición, y al parecer, algunos sueños se cumplen.

Sin hacernos demasiado spoiler, cuéntanos un poco acerca de tu relato. De dónde surge la idea, que querías contar.

Mi relato: Cuaderno de Campo. Espécimen del bosque nublado, surge de la necesidad de hablar de un tema al que le he dedicado mucha reflexión en mi vida: las otras vías de llegar a la maternidad y la identidad de los hijos resultantes. Con ello me refiero a las fecundaciones in vitro y lo amplío a la donación de óvulos, vientres de alquiler o adopciones. Estas técnicas o fórmulas no están presentes en el relato de forma explícita. Lo que pretendí fue exagerar hasta el terror los pensamientos y las inseguridades que puede albergar una madre ante la idea de traer al mundo o acoger a un hijo no «originado» de manera natural, y por otro lado, hiperbolizar de igual modo, el sentir de este hijo cuando su identidad queda en entredicho. Lo que parece tan obvio a ojos de cualquiera que no haya tenido que enfrentarse a tomar decisiones de este calado: que una madre, no tiene por qué ser madre de sangre o ADN, no siempre comienza con una génesis tan sencilla.

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Eva G. Guerrero



Y tras la obra, la autora: cuéntanos un poco más de ti: ¿es tu primera participación en un premio o ya tienes otras obras publicadas?

Comencé a escribir hace poco más de un lustro, cuando me quedé sin trabajo y con dos niños a los que criar. Necesitaba darle sentido al tiempo y también convertir en algo mágico las horas que pasaba a solas cuando los niños estaban en el colegio. Me atreví sin más con empezar mi andadura de escritora con una novela de fantasía que me rondaba décadas por la cabeza. Todavía trabajo en ella, es lo que pasa cuando quieres escalar sin el equipo necesario. Después, me apunté a talleres literarios y descubrí los relatos, también la participación en los concursos. Mi primera publicación fue a raíz de un taller, como he dicho, dos cuentos para el universo Akasha, de Juan Miguel Aguilera. Más tarde conocí a los de In-somniun y también colaboré con varios relatos en sus antologías. Publiqué un relato histórico en 30 mujeres fascinantes de la Historia de Valencia. Quedé finalista en el certamen de Cápside y gané el II Premio Pascual Enguídanos, de relatos de aventuras con un cuento de ciencia ficción «El gato que parpadeaba como un búho», en el 2016. El resto del tiempo lo dediqué a escribir la novela fix-up, un thriller space opera: Huella 12, ya terminada.

Aunque en otros países la tendencia ya es una realidad, en España aún “parece” que las autoras escriben poca ciencia ficción y terror. ¿Lo ves de ese modo? (y en ese caso, ¿por qué?)

Está claro que en el mundo anglosajón las autoras están copando los premios y vendiendo muchísimos ejemplares de sus obras: Anne Leckie, Margaret Altwood, Octavia E. Butler, Kameron Hurley… Aunque la fantasía es un género más presente entre nosotras. En nuestro país hay muchas autoras de talento que comienzan a despuntar. No creo que la cuestión resida en que hay pocas escritoras, sino en su visibilidad en el mercado, en su presencia en los grandes premios, en las librerías. La ciencia ficción no es un género fuerte en España, baste con ver el espacio que ocupan las estanterías dedicadas a estos libros en los grandes almacenes. Habitualmente, la visión de lo ci-fi se ha identificado con la visión masculina, de los autores clásicos, pero una nueva mirada se está haciendo hueco, desde la heterogeneidad, pero también desde un sentir más femenino. A mí me interesa mucho, y creo que desde esta perspectiva será posible acercar el género a las lectoras, que al fin y al cabo, son el nicho más importante de mercado.

Uno de los motivos de la iniciativa Premio Ripley era animar a escritoras que consideraban estos géneros como ajenos a escribir, a hacerlos suyos. ¿Te consideras autora de algún género concreto? ¿Dónde te sientes más cómoda?

Me considero autora del género de lo «extraordinario». Lo extraordinario, sin más etiquetas, es aquello que se nutre de la imaginación, del sentido de la maravilla, para crear historias que huyen de lo convencional, pero que hablan de nuestros problemas, de nuestros intereses y anhelos. En el grupo de escritoras al que pertenezco, Proyecto Artemisa, pretendemos poner el foco en la promoción de la escritura de género en femenino, en la aceptación de su calidad literaria junto con la superación de prejuicios y etiquetas. No pretendería tanto animar a las escritoras a escribir ci-fi, puesto que escribir es una pulsión individual, como a generar más lectoras de este género. Solo con más lectoras de lo extraordinario habrá más escritoras «extraordinarias» en el futuro.

Durante todo el proceso del Premio, y con la experiencia de la primera convocatoria, ha habido una gran actividad y resonancia en las redes y medios de comunicación. ¿Cómo lo has vivido?

Lo he vivido con intensidad. Lo he vivido como un reto. Quería saber si sería capaz de formar parte de lo que se está gestando. Quería saber si estaría a la altura. Los días anteriores al fallo estuve muy nerviosa porque, aunque escribí el relato con cierta premura, me lo había planteado como una especie de selectividad. A pesar de que estudié Arqueología en la universidad, aprobar o suspender este «examen» significaba ganar o perder el premio anual de ser astronauta durante un tiempo. De salir al espacio.